miércoles, 26 de agosto de 2026




 Mientras todos esperan, yo pedaleo

Una bicicleta, 10 kilómetros y una manera diferente de vivir la ciudad

Hoy me vine al trabajo en bicicleta: 10 kilómetros de ida y 12 de regreso. Y me di cuenta de cuánto extrañaba el viento en la cara, esa sensación de libertad y, sobre todo, la posibilidad de atravesar las largas filas de vehículos que intentan avanzar en medio del tráfico descomunal que se vive en la zona 7 y sus alrededores.

La construcción del Aerómetro y el nuevo flujo de vehículos provenientes de la zona 11, sumados a las ya congestionadas calles de la Landívar, Castillo Lara y Quinta Samayoa, hacen cada vez más evidente un problema que llevamos años arrastrando.

Quienes vienen del Naranjo o de Kaminal Juyú pueden pasar fácilmente una hora o más haciendo cola, y al llegar a ese gran nudo vial todavía les espera otro tramo de congestión que, con suerte, puede tomar otros 45 minutos. Todo esto mientras intentan avanzar sin chocar, sin golpear a un motorista y, por supuesto, sin que alguien les raye el carro.

Dentro de cada automóvil, muchos consultan constantemente Waze o Google Maps, buscando consolar su tedio y buscar algún camino alternativo que les haga sentir  que avanzan. El combustible supera los 40 quetzales por galón, los parqueos tienen un costo y, detrás de cada volante, hay una persona tratando de llegar a tiempo a su trabajo, a una reunión o simplemente de regresar a casa.

Mientras tanto, yo voy en bicicleta, escuchando música y avanzando. Hoy recorrí los 10 kilómetros de ida a mi trabajo en aproximadamente 36 minutos, deteniéndome únicamente cuando los semáforos me obligaron a hacerlo. Sentí el viento fresco de la mañana y disfruté el recorrido, mientras sorteaba también a algunos motoristas que utilizan los pocos tramos de ciclovía disponibles si podemos llamarlas como tal, son retazos de ciclovías, abandonadas, sin mantenimiento y sin estar interconectadas, estos espacios han quedado prácticamente abandonados.

Llegué al trabajo prácticamente sin haber sufrido el tráfico. Dejé mi bicicleta en el parqueo que mi empleador pone gratuitamente a disposición de quienes optamos por este medio de transporte.

Y hay algo que me alegró todavía más: el espacio de bici parqueo, ya se quedó pequeño. Cada vez hay más bicicletas y scooters. Algunos han descubierto que pueden movilizarse de otra manera y evitar que el tráfico determine cuánto tiempo de su vida van a pasar atrapados en una fila.

Llevo alrededor de 13 años utilizando la bicicleta, no como una actividad deportiva, sino como una forma de movilizarme. Con ella puedo recorrer la ciudad, saludar a otros ciclistas y agradecer a los conductores que amablemente me ceden el paso al atravesar una intersección.

Hoy utilizo una bicicleta eléctrica. La cargo en casa y, además, buena parte de esa energía proviene de los paneles solares que instalé hace algunos años. Por ello el costo de la electricidad para movilizarme es considerablemente menor.

Por eso, a mis 60 años, puedo decir que movilizarme en bicicleta me hace feliz. Me hace sentir libre. Me permite aprovechar el tiempo, evitar buena parte del tráfico, reducir mis gastos de combustible,  parqueo y muchas veces o casi siempre, llegar más rápido a mi destino en ese horario matutino.

No pretendo decir que la bicicleta resolverá por sí sola el problema de movilidad de la ciudad. Tampoco todos tienen las condiciones para utilizarla. Pero sí creo que necesitamos muchas más alternativas y una visión diferente de cómo queremos movernos por Guatemala.

La movilidad es un problema complejo y el tráfico es el efecto que provoca que miles de personas continúen viajando como sardinas en los Transmetros, esperando largos períodos en las paradas por falta de unidades suficientes o simplemente atrapadas durante horas dentro de sus vehículos.

El Aerómetro en la Roosevelt,  podrá aportar algo, pero difícilmente será la solución integral que necesita una ciudad como Guatemala. Es, en mi opinión, como poner una aspirina a un paciente con una migraña crónica: puede aliviar momentáneamente, pero no resuelve el problema de fondo.

Necesitamos planificación, transporte público eficiente, infraestructura para bicicletas, seguridad para los peatones y ciclistas y, sobre todo, una visión de ciudad que piense en las personas y no solamente en los vehículos.

Mientras eso ocurre, yo seguiré escogiendo mi propia alternativa. Subirme a la bicicleta, cada vez que pueda,  sentir el viento en la cara y recorrer la ciudad de una manera que me permite llegar al trabajo no solamente más rápido, realizando  ejercicio a favor de me salud y sentirme feliz .

Quizás esa sea una de las pequeñas decisiones personales con las que podemos empezar a transformar la forma en que vivimos nuestra ciudad.

 

 

domingo, 16 de agosto de 2026

Despedida a una excolega y amiga



Despedida para Karina Piérola

Una excolega que conocí por allá en el año 2014 en una organización internacional de apoyo de origen holandesa, me asignaron al tema de monitoreo y allí encontré a una mujer de tez blanca, colocha, de 1.55,  de voz ronca y siempre orgullosa de su origen germánico.

Durante los cinco años que laboramos juntos viajamos a varios lugares para realizar las tareas de nuestro oficio, y siempre admiré su capacidad de organización y orden.

Era directa. Te decía sí o no a lo que le proponías, de forma clara y sin tantas vueltas, como solemos hacerlo los chapines.

Le encantaba comer. Recuerdo los viernes de pizza, probando las de muchos proveedores, o las hamburguesas en Dieserdoff en Cobán, su risa fuerte y bulliciosa. Nada de abrazos con ella. Sin embargo, no le temía a los retos.

Recuerdo, en una ocasión, que fuimos a la Gruta del Rey Marcos. Ingresamos juntos y, en algunos pasajes de la gruta, era difícil avanzar por lo angosto del camino. A ella no le molestó: se puso sus botas, su casco, su inhalador para sus bronquios y ¡vamos!,  logramos concluir el paseo.

En otra ocasión, viajando desde Puerto Barrios, tomó el vehículo que llevábamos para ayudarme y, pese a insistirle que me lo entregara, por lo peligroso de la ruta, y como lo predije un pick up enorme nos paso topando un retrovisor, pero eso no la inmutó , me dio el auto hasta llegar al Rancho. Nunca dejaré de recordar su frase: “¿Qué pasó, Kimosabi?”

Aprendí mucho de ella, especialmente en el manejo de Excel y de su entereza para realizar sus quehaceres laborales con prontitud y calidad.

Luego participamos en una organización que fundamos, y ella siempre estuvo abierta a colaborar y a tender la mano.

Finalmente, después de luchar contra una enfermedad terrible que la afectó durante los últimos años, en esa época me dio un aventón en su auto , era de noche y recuerdo que le toqué el tema de su enfermedad y cómo le estaba enfrentando, y me dijo:

“Kimosabi, a usted ni le cuento, porque ya lo conozco: se le pegan todos los síntomas.”

Le dije: “Gracias, Karina. Vaya que me conoces”. Ambos nos reimos y continuamos el recorrido conversando de otros temas. 

Y así fuimos forjando una amistad que surgió por motivos laborales, pero que trascendió mucho más allá de nuestra relación de trabajo.

Karina parecía una mujer muy fuerte y directa y de un carácter reacio. Pero detrás de esa faceta, estaba  una mujer bondadosa, que cuidó de sus padres hasta el último día de su vida. Fue responsable de llevar el manejo de la casa con su mamá, cuidar de todos los detalles y de protegerla siempre, además de ello se encargaba del cuidado de su papá en otra institución y de estar siempre alerta y dispuesta a resolver todo lo que ello implicaba, sin expresar cansancio ni dolor. Una auténtica guerrera.

Hoy se fue a su descanso eterno. Ya no podré darle ese medio abrazo que tanto le gustaba, pero deja, sin duda, un enorme ejemplo de fuerza, coraje y voluntad para enfrentar las adversidades que la vida nos pone en el camino y de disfrutar cada momento y cada instante como sus descansos en el Club Alemán..

Descansa en paz, mi querida Piérola.

Gracias por tu amistad, por tantas historias compartidas y por haber dejado una huella tan especial en quienes tuvimos la suerte de conocerte.

Hasta siempre, Kimosabi.

jueves, 25 de junio de 2026

 Día del Maestro 25 de junio


Cada año celebramos en Guatemala el Día del Maestro, para quienes fuimos docentes nos trae muchos recuerdos, hoy escribo unas líneas destacando algunas de las viviencias de esos tiempos. 



En 1984, junto a muchos colegas me gradué  en el Instituto Normal Mixto de Huehuetenango. INMAC. Al año siguiente,  inicié mi labor como docente en el Ministerio de Educación, una profesión que ejercí con orgullo hasta mi jubilación en 2005.

Hoy 25 de junio Día del Maestro, llegan a mi memoria innumerables recuerdos que seguramente muchos de quienes me leen y son maestros guardarán en su corazón. Recuerdo los festejos que compartíamos con colegas de distintas escuelas, los almuerzos, los bailes y las felicitaciones que recibíamos por ejercer una de las profesiones más nobles que existen.

Ser maestro significaba mucho más que impartir clases. Era sentir la satisfacción de ayudar a un niño a descubrir el maravilloso mundo de la lectura, abrirle las puertas al conocimiento y brindarle herramientas para construir su futuro. Era copiar lecciones, preparar clases y calificar tareas bajo el techo de lámina de una escuela rural, o caminar por senderos y montañas guiando a nuestros alumnos mientras les enseñábamos las partes de una planta directamente en la naturaleza.

También fuimos parte activa de nuestras comunidades: organizadores de fiestas patronales, promotores de actividades culturales, acompañantes de la marimba y participantes de momentos que fortalecían los lazos entre la escuela y la comunidad. Y, al mismo tiempo, defendimos nuestros derechos, impulsamos mejoras para la educación y comprendimos que la labor docente nunca se limitó a las cinco horas de clase.

Ser maestro es trabajar con lo más valioso que tiene una sociedad: su niñez. Es sembrar conocimientos, valores y esperanza para que las nuevas generaciones puedan construir un mejor futuro.

Hoy me siento especialmente feliz cuando recibo mensajes de exalumnos, incluso desde el extranjero, que todavía recuerdan con cariño a aquel maestro de aldea que les enseñó a leer. Esas muestras de afecto son, sin duda, una de las mayores recompensas que puede recibir un educador.

Estoy seguro de que muchos de estos recuerdos coinciden con los que viven en el corazón de mis compañeros de promoción y colegas de profesión.

A todos ustedes, queridos amigos y colegas, les deseo un muy feliz Día del Maestro y de la Maestra. Que nunca olvidemos el privilegio y el honor que tuvimos de transformar vidas a través de la educación.

sábado, 24 de enero de 2026

Ocaso en Guatemala, alba en México, Pamelita (Pam) vuela lejos

 

                            Atardecer guatemalteco, volcán de Agua. Guatemala. 17.01.2026.


Reflexiones sobre la migración de los hijos.

Un atardecer marca el fin de un día y de un tiempo que pudo estar marcado por múltiples actividades que  integran nuestra vida, estudio, diversión, sufrimiento o alegrías, inicia la noche y luego aparece el sol radiante que marca el alba, inicio de un nuevo día. 

Finalmente, y como siempres sucede en la vida, el día siempre llega y ¡llegó!, un 24,  justo el mismo en que nació mi primogénita, aunque en un mes diferente y éste momento,  marca un ocaso de su residencia en la tierra que le vio nacer y hoy inicia un alba, para emprender nuevas tareas y actividades en un entorno novedoso y retador en una de las ciudades mas pobladas del planeta.

Este cambio me hace reflexionar profundamente sobre muchas cosas vividas y sentidas, concluyo que un cambio de residencia te aleja de tu familia extendida , te permite desprenderte de hábitos y de los lugares que frecuentas en tu medio ambiente.  Es el sitio donde has construido tu nicho, te has llenado de bienes que forman tus pertenencias adquiridas con el tiempo, los recuerdos y emociones que los objetos a veces nos traen en mente, pero también pesan y te obligar a cargarlos, poder superar y desprenderse de ellos es algo que nos enseñaste, se necesita mudar de piel para convertirte en mariposa. 

Pienso que mi hija decidió realizar esta mudanza de forma conciente , voluntaria y con la esperanza de un mejor futuro, de encontrar otras oportunidades, conocer otras formas de vida y de cultura , no se va desterrada, no se va porque huye de lo que hace, se va porque es una decisión muy bien pensada y por la cual ha luchado por más de un año y que se logra por su dedicación en lo que hace, lo cual le ha permitido tener valía y ser acogida con otras personas que esperan su ayuda y aprovechar su talento. 

Yo no soy un buen ejemplo para migrar, no soy de un espíritu nómada, pero experiencias en mi vida me comprueban que hacerlo te permite conocer cosas nuevas, bellas personas, lugares hermosos y la lejanía te hace valorar más tu tierra, tu gente y tu familia. Pam en cambio ha tenido desde hace mucho tiempo el deseo de migrar para superarse, creo que esto nace de lo que vio con sus abuelitos maternos, quienes dejaron todo y migraron a los Estados Unidos desde hace mucho y hoy comparten su vida aquí y allá y esa decisión les permite un estilo de vida tranquilo, después de  varios años de árduo trabajo. 

Recuerdo la primera vez que vi a mi hija en la cama de un hospital horas después de haber nacido, medía unos 50cms, permanecía al lado de su mamá, era una niñita, sonrosada, que se movía como una muñequita de peluche y hacía pucheros, de tez blanca y llena de vida,  una bebé que se veía tan frágil y totalmente dependiente de su mamá. Nunca me imaginé que un día volaría tan alto, me sentí impresionado años después, cuando  junto a ella nos dirigimos a la tienda del barrio y me tomó de la mano , sentí una mano crecida de una niña de 11 años. 

Llega a mi mente escenas cuando al llegar al colegio, corría y se atravesaba la puerta del cole como quien ingresa a su casa, sin temor o nostalgia al dejar a su padre que la acompañaba al colegio. Yo era el tristón , pero al verla tan feliz ,se me pasaba y seguía mi vida normalmente, los padres nos calmamos al ver a nuestros hijos seguros y  felices. 

El cuidado de su mamá en sus primeros años de vida, al igual que nuestro hijo Rodrigo, fueron fundamentales para su seguridad y formar su personalidad, fue una dicha que crecieran al cuidado de su mamá, a pesar de lo que esto implica para la madre un sacrificio físico, mental y laboral. 

Pam es una mujer muy decidida, un día cualquiera y muy pequeña aun, quizas 19 años, me comentó que ya tenía trabajo,  por autogestion propia lo obtuvo, se graduó en tiempo record en la Universidad y su dedicación y pasión por lo que hace han sido siempre evidentes, ya no es una niña, ya no es una joven, es ya una mujer casada, madura, fuerte , libre y capaz de alcanzar lo que se propone.

Pamela decidió independizarse de casa muy joven y decidió lanzarse a la vida en pareja formalizando con un matrimonio y una boda que no olvidaremos, pues nos llenó de muchas emociones y alegrías.  Siempre hemos tenido nuestras propias luchas y contradicciones, especialmente en la adolescencia, hoy puedo afirmar que  tenemos una relación armoniosa , se ha vuelto mi consejera en muchos temas, aunque a veces ambos queremos seguir ordenando y decidiendo cuando compartimos paseos.

Sus viajes al extranjero se incrementaron en estos dos años, viajando por varios países incluyendo México, su crecimiento profesional ha sido notable, sin embargo he visto que trabajo en su equlibrio emocional y sentimental , esto es importante pues somos seres integrales, requerimos equilibrar nuestras pasiones y emociones que da el trabajo con con el cuidado en la alimentación, el ejercicio y el tiempo para la pareja. 

Deseo con todo mi corazón que sus sueños y planes se hagan realidad, este cambio en mi hija, me motiva a cambiar de rutinas a establecer nuevas metas,  ahora tengo un buen pretexto para viajar a México y conocer más de este bello país. También marca un ejemplo para primos o primas muy inteligentes que seguro verán oportunidades fuera de las fronteras guatemaltecas. Es la primera nieta, es la primera hija y es la primera que se va de Guatemala para seguir creciendo. 

Un barrilete bien hecho, nos emociona cuando logramos elevarlo a grandes alturas, enviamos telegramas y permanece atado a nosotros por un hilo que a veces parece invisible. Así pienso en la partida de mi hija del suelo chapín, me alegra saber que ha emprendido un vuelo y alto. Sigo conectado con ella por ese hilo que de cerca es visible y fuerte y allá en lo alto desaparece, pero nuestra comunicación seguro seguirá vigente. Me siento feliz y orgulloso junto a mi esposa Karla, porque logramos exitosamente formar a una hermosa hija, capaz de traspasar fronteras y sentar sus bases en otras latitudes.  

Concluyo este extenso relato con este mensaje: Adios hija mía, te amo entrañablemente, no quisiera que te pongas triste o melancólica porque hoy más que nunca necesitas estar feliz, realizada y sabida de que estaremos siempre acá esperándote cuando quieras y cuando puedas,  mientras tengamos vida seremos la nave nodriza que te acogerá y protegerá cuando lo necesites. Para un reencuentro siempre tiene que haber una despedida. 

Un abrazo lleno de esperanzas e ilusiones, feliz viaje ...




                                23.01.2026. Despedida


                                           Pamelita. 4ta. de izquierda a derecha.Enero 2026.