jueves, 25 de junio de 2026

 Día del Maestro 25 de junio


Cada año celebramos en Guatemala el Día del Maestro, para quienes fuimos docentes nos trae muchos recuerdos, hoy escribo unas líneas destacando algunas de las viviencias de esos tiempos. 



En 1984, junto a muchos colegas me gradué  en el Instituto Normal Mixto de Huehuetenango. INMAC. Al año siguiente,  inicié mi labor como docente en el Ministerio de Educación, una profesión que ejercí con orgullo hasta mi jubilación en 2005.

Hoy 25 de junio Día del Maestro, llegan a mi memoria innumerables recuerdos que seguramente muchos de quienes me leen y son maestros guardarán en su corazón. Recuerdo los festejos que compartíamos con colegas de distintas escuelas, los almuerzos, los bailes y las felicitaciones que recibíamos por ejercer una de las profesiones más nobles que existen.

Ser maestro significaba mucho más que impartir clases. Era sentir la satisfacción de ayudar a un niño a descubrir el maravilloso mundo de la lectura, abrirle las puertas al conocimiento y brindarle herramientas para construir su futuro. Era copiar lecciones, preparar clases y calificar tareas bajo el techo de lámina de una escuela rural, o caminar por senderos y montañas guiando a nuestros alumnos mientras les enseñábamos las partes de una planta directamente en la naturaleza.

También fuimos parte activa de nuestras comunidades: organizadores de fiestas patronales, promotores de actividades culturales, acompañantes de la marimba y participantes de momentos que fortalecían los lazos entre la escuela y la comunidad. Y, al mismo tiempo, defendimos nuestros derechos, impulsamos mejoras para la educación y comprendimos que la labor docente nunca se limitó a las cinco horas de clase.

Ser maestro es trabajar con lo más valioso que tiene una sociedad: su niñez. Es sembrar conocimientos, valores y esperanza para que las nuevas generaciones puedan construir un mejor futuro.

Hoy me siento especialmente feliz cuando recibo mensajes de exalumnos, incluso desde el extranjero, que todavía recuerdan con cariño a aquel maestro de aldea que les enseñó a leer. Esas muestras de afecto son, sin duda, una de las mayores recompensas que puede recibir un educador.

Estoy seguro de que muchos de estos recuerdos coinciden con los que viven en el corazón de mis compañeros de promoción y colegas de profesión.

A todos ustedes, queridos amigos y colegas, les deseo un muy feliz Día del Maestro y de la Maestra. Que nunca olvidemos el privilegio y el honor que tuvimos de transformar vidas a través de la educación.

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