domingo, 16 de agosto de 2026

Despedida a una excolega y amiga



Despedida para Karina Piérola

Una excolega que conocí por allá en el año 2014 en una organización internacional de apoyo de origen holandesa, me asignaron al tema de monitoreo y allí encontré a una mujer de tez blanca, colocha, de 1.55,  de voz ronca y siempre orgullosa de su origen germánico.

Durante los cinco años que laboramos juntos viajamos a varios lugares para realizar las tareas de nuestro oficio, y siempre admiré su capacidad de organización y orden.

Era directa. Te decía sí o no a lo que le proponías, de forma clara y sin tantas vueltas, como solemos hacerlo los chapines.

Le encantaba comer. Recuerdo los viernes de pizza, probando las de muchos proveedores, o las hamburguesas en Dieserdoff en Cobán, su risa fuerte y bulliciosa. Nada de abrazos con ella. Sin embargo, no le temía a los retos.

Recuerdo, en una ocasión, que fuimos a la Gruta del Rey Marcos. Ingresamos juntos y, en algunos pasajes de la gruta, era difícil avanzar por lo angosto del camino. A ella no le molestó: se puso sus botas, su casco, su inhalador para sus bronquios y ¡vamos!,  logramos concluir el paseo.

En otra ocasión, viajando desde Puerto Barrios, tomó el vehículo que llevábamos para ayudarme y, pese a insistirle que me lo entregara, por lo peligroso de la ruta, y como lo predije un pick up enorme nos paso topando un retrovisor, pero eso no la inmutó , me dio el auto hasta llegar al Rancho. Nunca dejaré de recordar su frase: “¿Qué pasó, Kimosabi?”

Aprendí mucho de ella, especialmente en el manejo de Excel y de su entereza para realizar sus quehaceres laborales con prontitud y calidad.

Luego participamos en una organización que fundamos, y ella siempre estuvo abierta a colaborar y a tender la mano.

Finalmente, después de luchar contra una enfermedad terrible que la afectó durante los últimos años, en esa época me dio un aventón en su auto , era de noche y recuerdo que le toqué el tema de su enfermedad y cómo le estaba enfrentando, y me dijo:

“Kimosabi, a usted ni le cuento, porque ya lo conozco: se le pegan todos los síntomas.”

Le dije: “Gracias, Karina. Vaya que me conoces”. Ambos nos reimos y continuamos el recorrido conversando de otros temas. 

Y así fuimos forjando una amistad que surgió por motivos laborales, pero que trascendió mucho más allá de nuestra relación de trabajo.

Karina parecía una mujer muy fuerte y directa y de un carácter reacio. Pero detrás de esa faceta, estaba  una mujer bondadosa, que cuidó de sus padres hasta el último día de su vida. Fue responsable de llevar el manejo de la casa con su mamá, cuidar de todos los detalles y de protegerla siempre, además de ello se encargaba del cuidado de su papá en otra institución y de estar siempre alerta y dispuesta a resolver todo lo que ello implicaba, sin expresar cansancio ni dolor. Una auténtica guerrera.

Hoy se fue a su descanso eterno. Ya no podré darle ese medio abrazo que tanto le gustaba, pero deja, sin duda, un enorme ejemplo de fuerza, coraje y voluntad para enfrentar las adversidades que la vida nos pone en el camino y de disfrutar cada momento y cada instante como sus descansos en el Club Alemán..

Descansa en paz, mi querida Piérola.

Gracias por tu amistad, por tantas historias compartidas y por haber dejado una huella tan especial en quienes tuvimos la suerte de conocerte.

Hasta siempre, Kimosabi.